martes, 4 de enero de 2022

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LUZ EMBRIAGADORA


A menudo

la luz embriagadora de la tarde

inunda el espacio en el que habito


Tan sólo me envuelve el silencio


Es todo a cuanto aspiro


María Ángeles Sánchez


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POESÍA CONTRA LA PANDEMIA

 


#poesía 

sábado, 1 de enero de 2022

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EL ZANGARRÓN DE MONTAMARTA (Zamora). Cuando me vieron aparecer, en la madrugada del 1 de enero de 2003, los quintos y quintas de Montamarta, reunidos para vestir al zangarrón (uno de ellos), no daban crédito. "Pero, ¿viene desde Madrid a estas horas? ¿Usted sola?". Venía desde Madrid a esas horas, sí. Yo sola, sí. Había salido poco después de las doce, conduciendo por una carretera prácticamente desierta, con la única compañía de la radio. Pero valía la pena (siempre vale la pena). El señor Tano (quien llevaba en la tarea más de cuarenta y cinco años) se disponía a vestir al zangarrón con un traje cosido sobre el propio cuerpo del mozo, utilizando para ello toallas y colchas: unas tres horas de minuciosas puntadas. Ocultando el rostro, una máscara de corcho. A la cintura, tres cencerros y en la mano, un tridente, o asador.

Hay un zangarrón el primero de año y otro en Epifanía. A éste lo vi en 1985, cuando mi hijo Marcos, de siete años, se quedó muy sorprendido de que los Reyes Magos supieran que estaba en un pueblo de Zamora y le llevaran allí sus juguetes.

María Ángeles Sánchez

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EL PERRERO, EN NAVA DE FRANCIA (SALAMANCA). 2002. Toscamente vestido con una especie de sayal, con un enorme collar al cuello rematado con una cruz, campanilla en un tobillo y látigo en la mano, el Perrero recorre las frías calles desde el amanecer hasta las 12.00 de la mañana (hora de la misa) del último día del año. Va acompañado de dos mayordomos, o alguaciles, con varas muy adornadas, que piden el aguinaldo, mientras el Perrero asusta (es un decir) y corre tras los niños y niñas que le provocan. Con ellos, el tamborilero, con su dulzaina y tamboril, interpreta jotas, pasodobles y picados serranos. Cuando se podía, entraban en las casas (una treintena), donde les obsequiaban con embutido, dulces típicos de la sierra de la Peña de Francia y aguardiente. Perdida durante unos años, la fiesta se recuperó a finales de los noventa del pasado siglo.

María Ángeles Sánchez

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